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Para un mejor conocimiento
del TRATADO
TEÓRICO-PRÁCTICO DE ANATHEÓRESIS
transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos
del libro.
INICIO
CAP. 15:
LA INDUCCIÓN AL ESTADO REGRESIVO ANATHEORÉTICO (IERA)
En los cursos de Anatheóresis lo corriente es que casi todos los alumnos -por no decir todos- lleguen con la creencia de que lo difícil de mi técnica es conseguir del paciente que baje sus ondas cerebrales a los 4 Hz. necesarios para efectuar una adecuada regresión.
Casi una simple relajación
En anatheóresis -y en mis cursos los alumnos lo comprueban- lo difícil no es la inducción a un estado regresivo anatheorético (IERA). Eso es tan fácil que para conseguirlo basta con llevar al paciente a una simple relajación profunda. Y eso por la sencilla razón de que aun cuando el paciente tan sólo consiga descender hasta un estado theta alto -o sea, por debajo de los 8 Hz., pero por encima de las mágicos 4 Hz. de la anatheóresis-, eso no impide que el paciente pueda visualizar imágenes y, con el diálogo adecuado, partiendo de esas visualizaciones, el terapeuta puede llevar al paciente a que deje de visualizar y empiece a vivenciar. O sea, que vaya descendiendo su frecuencia cerebral hasta situarse en esa banda mágica de 4 Hz.
Pero si bien es cierto que conseguir una adecuada IERA no es difícil, eso sólo es cierto en el caso de que al efectuar la inducción se cumplan unos requisitos mínimos.
Las sugestiones verbales deben ser asépticas
El primero y más importante de esos requisitos es que la relajación anatheorética debe utilizar una mínima variación de sugestiones verbales y que esas poco variadas sugestiones verbales deben ser asépticas.
A los cursos de anatheóresis acuden alumnos que han hecho cursos de hipnosis, de programación neurolingüística, de sofrosis, que practican meditación, etc. Y dejo que cada uno utilice la técnica aprendida. Y eso porque entiendo que todo lo que funciona, vale. Así que dejo que utilicen su técnica personal de inducción. Pero la mayoría de las veces esas técnicas incumplen todas las reglas básicas de una verbalización que no tan sólo va dirigida a la banda cerebral theta, sino que, además, va dirigida también a un paciente cuyos CATs desconocemos, con lo que es fácil activarlos si incluimos en la relajación una palabra que por ser analógica a esos CATs, incide en ellos por resonancia.
Un ejemplo. Cuando intenté inducir a J.A. al estado regresivo anatheorético me encontré con que no sólo despertó, sino que prácticamente se salió del diván, cuando, en la cuenta atrás para relajarla, llegué al número ocho. Luego, ya en beta, hablando con J.A. supe que cuando ella tenía ocho años la dejaron al cuidado de su hermana menor. Se encontraban en un parque y J.A. descuidó la vigilancia para irse a jugar con otras niñas. El resultado fue que la hermana menor desapareció sin que nunca más se supiera de ella.
Por otro lado, ¿qué decir de esas inducciones que incluyen órdenes puramente conceptuales, o sea, órdenes que activan el estado de vigilia porque corresponden al ritmo beta? ¿Y qué de las que entran en conflicto con analogías arquetípicas como, por ejemplo, contar de uno a tres para descender y de tres a uno para ascender? ¿Y qué de quienes utilizan sugestiones que presuponen conocimientos especializados en los pacientes ya sean conocimientos médicos o de culturas orientales?
Lo importante es el ritmo, la cadencia
En todo caso, lo más importante de una inducción a un estado regresivo anatheorético (IERA) no es la verbalización, sino la intensidad, el tono, y especialmente el ritmo, la cadencia que se da a las palabras. Y ritmo, cadencia, es repetición, entonación, modulación, pausas... Eso que la Iglesia conseguía con un simple y repetido "ora pro nobis" y que las tribus primitivas obtienen fácilmente con sus monótonas y repetitivas melopeas.
Personalmente, en los cursos, aconsejo y explico una relajación progresiva que consta de dos partes. La primera es un texto aséptico y repetitivo cuya finalidad es, por un lado, conseguir una fácil y rápida relajación y, por el otro, no incidir analógicamente en los CATs del paciente. La segunda parte se dirige a obtener del paciente que vaya lentificando sus ritmos cerebrales hasta situarlos en los necesarios 4 Hz.
Esa doble relajación tiene la ventaja añadida de que, transcurridas unas sesiones, cuando el paciente ha aprendido ya a relajarse, el terapeuta puede prescindir de la primera parte y obtener, utilizando tan sólo la segunda, una inducción que en menos de siete minutos lleva directamente al paciente al buscado nivel de conciencia de 4 Hz.
¿Por qué no hipnosis profunda?
Aclaro una vez más que en anatheóresis el paciente nunca pierde la conciencia. Nunca cae en estado de amnesia. En anatheóresis el paciente es en todo momento consciente de cuanto ocurre. Su estado, en definitiva, es el ya explicado estado de conciencia abierta, receptiva, que corresponde al que yo he denominado segundo estado del gato. Y esto es fundamental, porque sólo así puede efectuarse la necesaria catarsis curativa. No olvidemos que -como ya he explicado- ese estado es el que corresponde al estado theta, al mágico hilo de Ariadna.
En contraposición a ese estado receptivo theta, que permite un diálogo terapeuta-paciente sin interferencias ni imposiciones y en el que el paciente se mantiene consciente, la hipnosis profunda -que lleva al paciente a un estado de amnesia- conlleva un diálogo que es más un monólogo puesto que si bien es cierto que el paciente responde a las preguntas del terapeuta, no menos cierto es que lo hace sin tener conciencia de cuanto dice, de manera que si el terapeuta no le da la orden posthipnótica de recordar lo hablado el paciente mantendrá siempre en el olvido el diálogo así obtenido. Y en todo caso, aun cuando el terapeuta dé al paciente la orden de recordar, el diálogo en hipnosis profunda no es para éste un diálogo genuino, es simplemente algo recordado.
Por otro lado, la hipnosis profunda es excesivamente impositiva. En hipnosis profunda -ya lo he explicado- el paciente tiende a gratificar al terapeuta. Ya sabemos que esa fue la causa por la que Freud la desechó en los inicios del psicoanálisis. Y por esa misma causa la desechó también Jung posteriormente.
Y son más de las aquí expuestas las razones que invitan a desechar la inducción a hipnosis profunda(l). Pero todas esas razones, en su totalidad, ni siquiera importa considerarlas porque una hipnosis profunda no permite lo que es básico de una adecuada terapia regresiva: que el paciente vaya discerniendo y, por tanto, comprendiendo -o sea, llevando a la luz de una sincronización theta-beta- cuanto, mediante un sutil diálogo, el terapeuta va extrayendo de la oscuridad-olvido de la biografía oculta. Y esto de una manera continuada y consciente(2).
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