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Para un mejor conocimiento
del TRATADO
TEÓRICO-PRÁCTICO DE ANATHEÓRESIS
transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos
del libro.
INICIO
CAP. 14:
HIPNOSIS A 4 HZ
Una puntualización básica al iniciar la explicación de la práctica clínica de la anatheóresis es que esta terapia tiene uno de sus pilares fundamentales en la inducción del paciente a un estado de conciencia que corresponde a la frecuencia más baja dentro del estado theta. O sea, que corresponde a 4 Hz. de frecuencia cerebral. No utiliza, por tanto, como suele ser habitual en las inducciones a estados regresivos, la hipnosis profunda.
Distintos grados de profundidad hipnótica
Puesto que existe una gran confusión en torno a la hipnosis, deseo aclarar que ya desde 1878, y gracias al gran neurólogo Jean Martin Charcot, se sabe -aunque muchos hipnólogos al parecer lo han olvidado- que, hay grados de hipnosis y que cada uno de esos grados de profundidad hipnótica se traduce en una forma de percibir la realidad y, en consecuencia, de reaccionar ante los estímulos. Así pues, la relajación es hipnosis, como lo es la sofronización, aun cuando esos dos estados comportan un nivel de profundidad hipnótica distinta entre sí y distinta, a su vez, del de la hipnosis profunda. Entre otras razones porque este último grado de hipnosis comporta lo que se llama pérdida de conciencia -que es sólo un estado de amnesia-, en tanto que los otros dos -al igual que la hipnosis que yo preconizo -el grado hipnótico IERA- no comportan esa pérdida de conciencia.
Lógicamente, los grados de hipnosis son muchos. Prácticamente innumerables puesto que cada estado de conciencia puede ser calificado de grado de hipnosis.
La hipnosis es, por tanto, en sí misma, una simple técnica. Una forma de producir unos determinados estados de conciencia. Hipnosis es por tanto también la inducción a 4 Hz. que utilizo en la práctica de la anatheóresis. Esa inducción -una especie de relajación profunda a la que doy el nombre de Inducción al Estado Regresivo Anatheorético (IERA)- es sólo la técnica a utilizar para obtener el estado de conciencia especialmente adecuado para efectuar la terapia anatheorética. Queda claro, por tanto, que una cosa es el tipo de inducción hipnótica que la anatheóresis utiliza y otra muy distinta la propia Anatheóresis, que es ya el cuerpo de doctrina teórica y práctica que en este libro estoy exponiendo.
No hay que confundir, por tanto, Anatheóresis -como no hay que confundir Sofrosis, que es también un sistema científicamente estructurado- con la simple hipnosis. Al igual que no hay que confundir la hipnosis en general con la hipnosis profunda, que es sólo uno de los posibles estados hipnóticos.
La hipnosis profunda y el psicoanálisis
Todos sabemos que tanto Freud como Jung iniciaron sus experiencias psicoanalíticas utilizando la inducción a hipnosis profunda, y aun cuando se ha dicho que Freud abandonó esta técnica porque era un mal hipnotizador, la verdad es que, al margen su habilidad hipnotizando, tanto él como Jung(1) explicaron muy clara y razonadamente que la hipnosis profunda no era la técnica adecuada para dialogar con la psique humana puesto que con esa técnica, entre otras cosa, por un lado, el hipnólogo impone con excesiva fuerza su voluntad al inducido y, por el otro, el inducido se siente inclinado a gratificar al hipnólogo, con lo que éste obtiene, al efectuar la terapia, aquello que directa o indirectamente se siente inclinado a obtener. En otras palabras, con una inducción a hipnosis profunda es prácticamente imposible un diálogo libre, en el que el inductor no imponga sus criterios aun cuando no lo pretenda. Y esa fue una de las razones básicas por las que también Alfonso Caycedo(2) -creador de la Sofrología- abandonó la hipnosis profunda y adoptó técnicas inductivas que no conllevan pérdida de conciencia.
Los tres estados del gato
He indicado que también yo en mis primeras investigaciones utilicé -aunque poco y no siempre- la inducción a hipnosis profunda(3) Confieso que, al igual que explicó Jung, también yo sentía al inducir a hipnosis profunda la sensación de que estaba agrediendo la voluntad del hipnotizado. Así que fue para mí un alivio cuando en una de las experiencias con uno de mis hijos, en la que le sintonicé con Kiko, un magnífico ejemplar de gato birmano, al explicarme él las sensaciones que vivía siendo Kiko describió lo que yo ahora denomino "Los tres estados del gato". Unos estados que me pusieron en la pista de lo que hoy es mi técnica hipnótica IERA.
Recojo en las líneas que siguen la descripción que de esos tres estados hice en mi libro Nazca a una nueva vida:
"Si observa un gato verá que normalmente está tumbado en un relax que ya quisiéramos poder imitar. El animal está ahí, en un sofá, en nuestro regazo, en donde sea, pero no en cualquier lugar, sino en uno cómodo, calentito y apacible. Y ahí está prácticamente aplastado, como si fuera un lenguado. Y su cara es de extrema felicidad. Podría decirse que, al margen sean cuales fueren sus procesos mentales, este es un estado perfecto de no pensar.
"Pero si ese mismo gato tiene ganas de divertirse o de buscarse un aperitivo, veremos que va hacia el lugar por donde él sabe puede salir un ratón. Y entonces el gato, ante los agujeros por donde puede salir el ratón, adopta una actitud de conciencia abierta. No concentra su mente en un solo punto, no hinca los codos ni se muerde las uñas, al contrario: mantiene un estado de relax abierto, se mantiene en un estado de perfecta atención porque su conciencia ni está ausente, ni está centrada en un solo punto, ni está dispersa. Simplemente está como descansando en un amplio abanico de visión. Su mirada resbala por el lugar por donde puede salir el ratón. Contempla. O, si se prefiere, observa sin mirar. Y estas son las palabras que yo utilizo para llevar a un paciente a IERA: observar, contemplar y también concienciar. Pero insisto en que ese observar, contemplar o concienciar no es pensar, no requiere esfuerzo, es simplemente un estado pasivo, abierto a cuanto puede llegar, un resbalar por los objetos, un no hacer el objeto recordando lo que sabemos de él, lo que nos han dicho que es, sino un estar abierto a todo. De igual forma que el gato está abierto -sin tensión, relajado- a cualquier posibilidad. Porque el gato no sabe si el ratón saldrá por un agujero o por otro contiguo, no sabe a qué velocidad saldrá, etc. Por eso se mantiene simplemente receptivo y sólo cuando el ratón sale, sólo entonces, con toda la información que le permitirá atraparlo -y que ha podido obtener gracias a ese estado de observación- se tensa, concentra toda su energía en un solo movimiento, el de su zarpa, y la lanza con fuerza y precisión. Sin consumir un solo gramo más de la energía necesaria."
Tenemos, pues, tres estados que debemos imitar: la concentración como acto rápido, enérgico y decisivo; el estado de conciencia abierta, de observación, contemplación o concienciación, que nos permite verlo todo y en profundidad, lo que no vemos cuando nos esforzamos en mirar; y un relax de descanso, de pasividad tranquila, de teórica ausencia, que podemos llamar estado de no pensar.
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