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  Las claves de la enfermedad
 
Para un mejor conocimiento del TRATADO TEÓRICO-PRÁCTICO DE ANATHEÓRESIS transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos del libro.


    
INICIO CAP. 12: UNA MEJOR FORMA DE VIVIR
Anatheóresis es terapéutica, pero no lo es porque su objetivo esté sólo y estrictamente dirigido a curar enfermedades. Anatheóresis es más. El objetivo de Anatheóresis es unirse a otras muchas voces -que se oyen ya- en el propósito de abrir nuevos cauces vitales a una humanidad -especialmente la occidental- que ha caído en la patología de la sacralización del HCI. Por eso Anatheóresis es también una terapéutica. Y también por eso Anatheóresis es más que una terapéutica. Anatheóresis es una nueva y mejor forma de vivir.
Este capítulo, por tanto, es sólo un breve esbozo de lo que un día, espero, sea un libro que recoja la terapéutica anatheorética en su sentido más amplio y en toda su profundidad. Porque auténtica terapéutica no es esperar a que alguien enferme para intentar luego curarle. Auténtica terapéutica es intentar que nadie enferme. O sea, que sepamos y podamos vivir en la armonía del sentimiento de plenitud y gozo que sólo puede dar la sincronización de los dos hemisferios cerebrales. Precisamente lo que ahora no tenemos, porque en nuestro cerebro hay un hemisferio -el izquierdo- que vive en el orgullo de ser superior al otro: el derecho. Y, por ello, intenta en todo momento someter a ese otro hemisferio, al que menosprecia. Es la ya descrita guerra de los dos hemisferios cerebrales. La guerra origen de todas las guerras que sufre la humanidad. Unas guerras -en nuestro interior, con los demás y con todo- que podríamos evitar si el rostro vencedor de ese Jano bifronte que somos aceptara mirar a ese otro rostro sometido que también somos. Y estuviera, asimismo, dispuesto a aceptar que sólo la comprensión, no la victoria, puede traerle -o sea, traernos- la paz.
Y no le resultaría difícil al rostro beta de Jano volver la mirada, bastaría con que dejara a un lado el orgullo y que, desde la humildad, aceptara escuchar el proceso cognitivo de su rostro gemelo. Si esto hiciera -y esto es lo que hace Anatheóresis- entre otras muchas cosas ya descritas aceptaría:
• Que no hay verdades absolutas. Nada se opone a nada y nadie es nuestro enemigo, salvo nosotros mismos.
• Que por no haber verdades absolutas, no hay por qué elegir un lado y mirar siempre desde ese lado hacia el otro. Los lados son muchos y todos los lados son el mismo lado. Nacer es morir, pero es nacer también.
• Que para poder ver la luz es preciso no mirarla. Si la miramos, si nos llega de frente, nos ciega y surge la oscuridad. Por eso sólo en la oscuridad, en la humildad, podemos ver la luz.
• Que vivir es sentir con riesgo. Vivir sin sentir con riesgo es estar muerto en el espejo de una realidad virtual.
• Que quien realmente vive estrena vida cada instante. Quien realmente vive no se instala en la seguridad del hábito. El hábito es enfermedad.
• Que enfermo no es sólo quien tiene una enfermedad catalogada como tal por la medicina convencional. Más enfermo que un afectado de sida está un ambicioso. Entre uno y otro hay tan sólo una forma distinta de somatizar los CATs.
• Que estar enfermo es el seguro de vida del cobarde. Si estoy enfermo esto significa que ya no puedo enfermar.
• Que la enfermedad es una identificación. Estar enfermo es sentirse enfermo. Y sentirse enfermo es identificarse con los síntomas de una enfermedad. Yo moriré y sabré que muero, pero morir no es enfermar. Enfermar es, en última instancia, identificarse con la muerte sin morir.
• Que la enfermedad no son los genes ni son los virus, la enfermedad es el caldo de cultivo que enferma a éstos y los convierte en patógenos.
• Que los fármacos no matan bacterias, matan la verdad sentida de que las bacterias nos están enfermando.
• Que los sentimientos no pueden ser cuantificados. Nadie puede amar mucho. Amar es cualidad. Y las cualidades no pueden medirse. Simplemente se sienten o no se sienten. Así, amar mucho no es amar mejor. Casi siempre es no amar.
• Que no hay que confundir el hecho concreto con la interpretación. Eso que llamamos vida es nuestro hecho concreto. Qué o quién nos mueve, simple interpretación.
• Que no hay que buscar quien nos salve. ¿De qué o de quién nos tienen que salvar si mi enemigo soy yo? ¿Y qué es salvarse?
• Que razonar es ser una cobaya pedaleando en una rueda de jaula.
• Que todo razonamiento lleva a un juicio en el que se elige un lado y se excluye el otro. Y excluir es condenar. Con el razonamiento beta surgió Caín. Y Caín ahora somos todos.
• Que la razón, por ser cuantitativa, es muchas. La razón puede matar y no matar al tiempo. Todo depende de una justificación que es un concepto. No mates en la paz, pero sé un buen asesino en la guerra.
• Que la razón no demuestra, sólo muestra su propia razón. Y que no hay una sola razón que no esté dirigida por un sentimiento. Un sentimiento que esa misma razón ignora porque le ha negado la existencia en nombre de la razón.
• Que todos los pensamientos salen de ti y llegan de ti. Ahórrales el viaje.
• Que el concepto no es una realidad existencial. Por eso perseguir conceptos es enfermar. Nadie puede comer pan en la palabra pan.
• Que no hay mayor asesino que un concepto. Un dictador es algo abominable. El Estado es peor. Es un concepto. A un dictador se le puede matar o acaba muriendo. El concepto es inmortal, ¿quién puede matar un concepto?
• Que hemos caído en la trampa de hacer una religión de la no religión. Porque en una cultura beta el nombre cambia pero el concepto prevalece. Hemos abolido a Dios y lo hemos sustituido por el Estado. El Parlamento es ya un Sanedrín.
• Que seguimos siendo una sociedad primitiva. Sólo que ahora el antiguo tótem simbólico, que era algo real, vivo, ha pasado a ser algo hueco, sin vida. Ahora el tótem es conceptual.
• Que todas las religiones son simples hechos culturales, producto de la moral beta. Y que el monoteísmo religioso es dar valor de hecho concreto a lo que es sólo un concepto.
• Que es falsa toda Iglesia basada en el perdón. Nadie puede perdonar si no ha comprendido al otro en sí mismo. Y si le ha comprendido, ni se plantea el hecho de tener que perdonar. Comprender es amar y amar es aceptar. Perdonar es seguir culpando.
• Que quien busca la perfección se condena a vivir en el constante sentimiento de la imperfección.
• Que no existe un orden que imponer. Todo tiene un orden. También lo que consideramos desorden por el solo hecho de que no es nuestro orden.
• Que poner en orden las palabras no es ordenar el mundo. A lo sumo es escribir un diccionario.
• Que nadie es libre de no dañar a otro. Siempre alguien nos exigirá un sentimiento que no podremos dar.
• Que los llamados santos suelen ser sólo malos mercaderes. Venden esta vida a cambio de una hipotética vida mejor cuando ya no vivan.
• Que la trascendencia no es religión. La trascendencia no promete, da. Y da en vida. La religión no da, promete. Y promete dar en otra vida.
• Que no sé, ni puedo saber, si existe eso que llamamos Dios, pero sí sé que existe el sentimiento de que existe eso que llamamos Dios.
• Que el miedo al mundo es miedo al valor. Por eso el miedo es el punto de partida del valor.
• Que buscar seguridad es no vivir el presente en aras del futuro. Y no hay futuro. Cuando éste llegue será presente.
• Que nuestra ciencia es espuria. Llamamos ciencia a lo que sólo es búsqueda de un conocimiento que nos dé seguridad.
• Que ser libre es no buscar otra seguridad que la de la inseguridad. Es comprender que si no busco, si no me digo lo que busco, todo cuanto ocurre es un encuentro. Porque sólo pueden encontrar los que no buscan.
• Que sólo puedo ver mi yo objetivo si me miro desde fuera. Y verse desde fuera es verse desde otro yo. Es ser otro yo que necesita verse desde otro yo. Y así hasta el infinito.
• Que hay sólo un río que se lleva a sí mismo. Y que no hay un yo y un río. Y menos todavía un yo que pueda remontar ese río.
• Que llamamos yo a lo que somatizamos: por el cerebro, por la piel, por los actos, por la boca... y somatizamos lo que no queremos contener, lo que no queremos ser, lo que nos enferma.
• Que no soy, porque todo en mí es identificación con algo o alguien que no era yo. Incluida mi identificación con ese yo que he construido con lo que no era mío.
• Que nunca podré saber quién soy. Sólo puedo saber cómo me veo en el espejo.
• Pero sí sé que ser guitarra no es ser música. Y que, en definitiva, es el propio sol el que hace posible que el sol se vea.