| Las claves de la enfermedad | ||||||
Supongamos una persona que va por un bosque de noche -y no importa sea niño o adulto- y supongamos que esa persona ve una serpiente y huye aterrorizada. Y supongamos ahora que esa persona ha creído era una serpiente lo que era tan sólo una cuerda levemente agitada por el aire. Tenemos, por tanto, una verdad concreta -y por concreta debemos entender la auténtica verdad, la real, la que corresponde a las imágenes en su identidad formal, sin nombre ni valoración, o sea, el simple hecho- y esa verdad o hecho concreto es la cuerda. O, mejor, eso a lo que llamamos cuerda. Y tenemos también otra verdad, que es la subjetiva. O sea, la verdad sentida. Lo que sentimos cierto y que, por ello, creemos es la verdad. O sea, la serpiente. La pregunta es: ¿Cuál de las dos verdades nos ha enfermado? Y la respuesta es obvia. Todos sufrimos y enfermamos por causa de nuestra verdad. Y nuestra verdad es aquello que sentimos como tal. Y esa verdad sentida, emotivamente cierta, es la verdad en la que creemos, es lo que consideramos verdad auténtica, real (1). Más auténtica que la verdad objetiva. ¿O no era un cielo real, auténtico, el que esperaba un cristiano en la Antigua Roma? De no haber sido así, ¿habría aceptado con júbilo ser arrojado a los leones? (2) Por eso un anatheorólogo, ya en la entrevista en beta, debe intentar que el paciente le dé verdades sentidas (3). Y hechos concretos. Lo que importa es la emotividad, porque esto es lo que irradia el CAT que ha actualizado patológicamente el paciente. Y lo que importa también es el hecho concreto, porque cada IAT tiene su origen en uno de esos hechos. El hecho concreto es el percutor que dispara la emotividad que nos impacta (4). Pero, desdichadamente, lo que el paciente da al anatheorólogo -creyendo él que son hechos concretos- son tan sólo simples recuerdos. O sea, verdades interpretadas. De ahí que en anatheóresis se lleve al paciente a IERA y se le someta a una adecuada DA, porque así -y sólo así- es posible surjan perfectamente articuladas esas verdades subjetivas -sentidas- en las que se encuentran implícitos los hechos concretos. |
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