INICIO
  SIN ESTRÉS, SIN ANGUSTIA SIN DEPRESIONES.
Un método avalado por cientos de experiencias
 


Para un mejor conocimiento de NAZCA A UNA NUEVA VIDA transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos del libro.

   INICIO CAP.:
LA REALIDAD ES COMO ES

Nadie habla de los derechos de los niños, pero sí, en cambio, desde que nacen les recordamos, con estúpidas amenazas, que deben ser buenos, que deben ser diligentes, que deben ser educados, y hasta que deben ser altos e inteligentes, como si esto último dependiera de ellos. Son los debieras, esas imposiciones represoras del superyo que acaban por convertirnos en auténticos neuróticos.
La escena es siempre la misma. Un adulto iracundo, que al niño le parece un gigante, se inclina admonitorio condenando a su hijo porque ha roto un jarrón, o porque se ha manchado los pantalones.
Y todo ese drama, que comporta gritos y castigos, por el simple hecho de que un niño, en su innata curiosidad, se ha sentido atraído por los colores del jarrón o, porque, ejerciendo sus irrefrenables impulsos lúdicos, al jugar se ha manchado de barro los pantalones.
Pero, pensemos un poco: ¿Por qué esa madre –o ese padre– que ha dejado el jarrón al alcance del niño le castiga por haberlo roto? ¿Por qué ha sido malo? Eso no significa nada en un niño. ¿No será que a esa madre –o a ese padre– lo que le duele es el precio del jarrón, así como el hecho de que era una pieza que le daba prestigio, por su rareza, ante sus conocidos? Y en cuanto a las manchas de barro del pantalón, ¿no será que la madre teme que las vecinas consideren que no es muy limpia cuando ven a su hijo hecho un desastre?
Como puede comprenderse, la acción represora de los debieras es doblemente funesta, porque, por un lado, permite proyectemos sobre otros nuestra propia cretinez y, por el otro, nos lleva a un mundo que nada tiene que ver con la realidad. Porque la realidad es curiosidad y juego, entre otras muchas cosas que reprimimos.
Naturalmente –y usted lector, lo sabe–, la presión represora de los debieras no la ejercemos sólo con los niños. Porque nosotros, que también fuimos niños reprimidos, ya adultos –si es que se nos puede llamar adultos– seguimos jugando a ese funesto juego de los debieras. Y nuestra vida acaba por reducirse a casi un simple cumplir, todo el día de todos los días, con esos debieras: debo levantarme temprano, debo dar un hogar confortable a mi familia, debo ser serio y responsable, debo ser respetuoso con mis superiores, debo tener un coche nuevo, debo aparcar en el lugar correcto... Es una enloquecedora cadena sin fin: Debo acostarme temprano porque debo trabajar porque debo tener una seguridad porque puedo caer enfermo porque debo... Debo, debo, debo...
No, usted no debe nada a nadie. Usted tan sólo debe ser feliz. Y no me diga que, de acuerdo, debo ser feliz, pero que además, hay otro debiera , y es que no debo hacer daño a los demás, porque mi felicidad no debe ser a costa de los demás.
Pues sí, tiene que ser a costa de los demás. Inevitablemente tiene que ser así. Porque, quiera o no, hará siempre daño. Y yo no le digo que lo haga. Y menos, lógicamente, que le tenga sin cuidado hacer daño a los demás. Si puede evitar hacer daño a los demás, evítelo. Pero, desgraciadamente, pocas veces lo que usted necesita para ser feliz es lo que necesitan quienes conviven con usted. Así que ya sabe: O se reprime, y será desdichado, o no se reprime, y hará desdichados.
Y usted no tiene la culpa de que en medio del Paraíso naciera y creciera el árbol del Bien y del Mal, usted no es responsable de que nuestro hemisferio cerebral izquierdo, el que nos distingue de los felices animales no domésticos, posea un mecanismo dual. Y nos muestre la realidad mediante opuestos: alto y bajo, luz y oscuridad, vida y muerte. Algo que no es real. Y menos real es todavía que confundamos los hechos con su interpretación moral.
Como dijo Lao Tse: ¿Hay diferencia entre el sí y el no? ¿Hay diferencia entre el bien y el mal? ¿Debo temer lo que los hombres temen? ¡Qué desatino! Tener y no tener nacen juntos. Difícil y fácil se complementan. Entre largo y corto no hay contraste. Alto y bajo uno a otro se apoyan. El frente y el dorso se siguen.
Y precisa Chuang Tse : Quienes dicen que quisieran tener lo justo sin su concepto correlativo, lo injusto, o el buen gobierno sin el suyo, el desgobierno, no captan los grandes principios del universo, naturaleza de toda creación. Lo mismo sería hablar de la existencia del Cielo sin la de la Tierra, o del principio negativo sin el positivo, cosa claramente imposible. Sin embargo, las gentes siguen discutiendo de esto sin cesar. Gentes así deben ser tontas o bellacas.