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Para un mejor
conocimiento de NAZCA A UNA NUEVA VIDA
transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos
del libro.
INICIO
CAP.: ¿SABE QUE USTED ES UN
ZOMBI?
Somos lo que pensamos -dijo el Buda a sus discípulos-.
Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros
pensamientos hacemos el mundo.
Más modernamente, el autor anónimo de La urdimbre de los
milagros escribió: "La proyección es la base de la percepción.
El mundo que ves es lo que tú has puesto en él y nada más (...)
Es el testimonio de tu estado mental, la imagen exterior de
un estado interior. Tal como un hombre piensa, así percibe.
Por lo tanto, no intentes cambiar el mundo: opta por cambiar
tu manera de pensar en el mundo."
En efecto, usted ha comprobado ya que su vida ha sido hasta
ahora una proyección de sus contenidos mentales. Y el mundo
circundante, por tanto, lo ha percibido, lo sigue percibiendo,
de acuerdo con los patrones mentales que se ha autoimpuesto,
con los que se identifica. Y así, en una constante repetición
de afirmaciones, gestos, hábitos, actos, etc., sigue reforzando
día a día, hora a hora, minuto a minuto, el guión que tan maravillosamente
representa en el gran escenario del mundo.
Y hasta es posible que usted considere injusto el mundo, que
se lamente de cuanto ocurre, y no nos damos cuenta de que somos
nosotros, con nuestros procesos mentales de identificación y
de competitividad, quienes -junto a tantos otros millones- hacemos
y mantenemos este mundo injusto, donde nuestra abundancia vive
en el olvido de las carencias ajenas.
Pero, lamentándonos o no, aunque sí con estrés, dolientes y
angustiados, mantenemos el argumento de nuestro guión. Sin darnos
cuenta de que somos zombis. De que vivimos en una constante
hipnosis. Porque seguimos los dictados de un programa mental
que nada tiene que ver con la realidad.
Y, desdichadamente, el programa -el guión- de nuestra mente
es una película dramática que proyectamos una y otra vez en
la pantalla del mundo y que luego, al verla, creyendo que es
la realidad, la tomamos como modelo sin darnos cuenta de que
estamos cumpliendo el más trágico ciclo de una hipnosis profunda.
Un terrible feedback elaborado con retazos de la peor parte
de nuestra biografía, con cargas energéticas traumáticas, con
imposiciones familiares y sociales, con dogmas religiosos, con
la neurótica carga de los debieras (debes ser bueno,
debes ser obediente, debes ser educado...) y de las identificaciones,
con una agresiva competitividad que -de acuerdo con nuestro
guión- asumimos con talante de derrotados.
Indudablemente, no somos dueños de nuestra vida. Y si no somos
dueños de nuestra vida, si no logramos hacer lo que realmente
deseamos es que somos zombis, estamos poseídos. Y estar poseídos
significa que nosotros no somos, no existimos, que nuestra vida
es una total falsedad. Nuestra vida -o sea, también la suya-
no vale nada. Y no importa que sea usted Presidente de mil Consejos
de Administración, ni importa que rija los destinos de un país,
ni aun los de un credo religioso. Si usted no es feliz, si no
es capaz de sentir la vida como algo pleno, exultantemente gozoso,
usted vive al margen de la realidad, usted no vive. Se ha identificado
cualquiera sabe con quién y ha dejado de ser usted. Es, tan
sólo, la sombra de alguien que -no importa sea famoso o no-
lo más probable es que sea también la sombra de otra sombra.
Despierte, por favor
Mire el gato que probablemente tiene al lado. ¿Lo ve? Está tumbado,
feliz. ¿Sabe por qué? Simplemente porque es él. Y no intenta
ser otro gato. Sólo se identifica con su propia existencia.
Una existencia que vive aquí y ahora, sin recrearse en las desdichas
del pasado. Y, desde luego, ningún otro gato le ha llevado a
la convicción de que debe ser un tigre de Bengala. Y tampoco
ha limitado sus posibilidades de ser un gato en plenitud. Ni
espera que nadie apruebe sus actos. En cuanto a sentirse fracasado,
yo nunca he visto a un gato que se muestre desesperado porque
se le ha escapado un ratón. El gato sabe que no hay éxito y
fracaso, que sólo hay adiestramiento. Y así, no asume el feedback
que a nosotros nos lleva al fracaso de nuestra vida por el solo
hecho de no haber acertado en los dos primeros intentos de vivir.
Tampoco exige que otros gatos le admiren o compadezcan, ni intenta
convencer a nadie de que posee la Verdad.
Por descontado que yo no intento inducirle a que viva como un
gato. Y si no lo intento no es porque me considere superior
a un gato, ni tampoco porque crea que los gatos viven peor que
yo, sino porque eso sería una identificación. Intento decirle
tan sólo que salga de su hipnosis. Despierte, por favor. O,
por lo menos, busque una hipnosis más divertida. Hipnosis por
hipnosis, ¿quién le impide elegir la más grata?
Iniciemos, pues, antes de entrar en nuevas consideraciones,
los ejercicios que, lentamente, de una manera gradual y fácil,
nos sacarán de la hipnosis.
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