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Para un mejor
conocimiento de NAZCA A UNA NUEVA VIDA
transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos
del libro.
INICIO
CAP.: EL GRAN TEATRO DEL MUNDO
Usted conoce ya cómo liberarse de la espiral de un deterioro
psíquico que le llevaría en no excesivo tiempo a un colapso
vital. Sabe ya que basta con que se aleje todos los días dos
horas -tan sólo y nada menos que dos horas- de sus preocupaciones,
de sus prisas, de su tensión, para que su vida no acabe convirtiéndose
en su ataúd. Y hasta puede vivir con una sonrisa.
Pero, aun así, usted sabe que su vida es un error, y se le hace
claro que vivir -eso que se siente con plenitud, que nos inunda
con su exultante fuerza, que nos funde con la gran armonía del
universo, que nos arrebata con notas de himno gozoso- eso, precisamente
eso, no es lo que siente usted. Porque lo suyo -lo de casi todos-
es sobrevivir. O, lo que es lo mismo, vivir acurrucados, sin
vida, intentado, así, que la muerte no nos alcance. ¿Se acuerda
del antiguo cuento de la rana? ¿De aquel poblado de batracios
que vivía en el lecho de un río, luchando día y noche por permanecer
asido a las rocas y a la vegetación submarina, temeroso de que
la corriente se lo llevara? Porque eso, ser arrastrados por
la corriente, entendían los batracios era la muerte. Y allí
estaban viviendo -muriendo- con su estrés de ranas submarinas,
con su constante temor a ser arrastradas por la corriente del
río de la vida. Pero hubo una rana que pensó: "Estar aquí todo
el día ocupada en el esfuerzo de que no se me lleve la corriente
es peor que estar muerta. Así que no pierdo nada arriesgando
mi vida. Además, quien ha hecho la roca ha hecho también el
río, y si la roca nos protege, ¿por qué ha de dañarnos la corriente
del río?"
Y ésa fue la rana que emergió de los fondos submarinos y no
sólo gozó de una nueva forma de existencia al salir a la superficie,
sino que, además, alcanzó el mar, donde se transformó en gaviota
y, ya en el aire, desde la altura de vuelo de una gaviota, vio
que no hay un río y un mar, sino que río y mar son sólo dos
nombres distintos de una misma cosa, siempre unida.
También nosotros, como los batracios del cuento, estamos fuertemente
agarrados a las rocas de nuestros fondos vitales. Y es esto
precisamente lo que nos llena de hastío y de estrés. Por lo
que sólo volveremos a alcanzar la gozosa plenitud de criaturas
humanas si dejamos la seguridad de la roca que inmoviliza y
nos dejamos arrastrar por el flujo de la vida.
En definitiva, si a usted no le basta un simple arreglo con
el estrés -el de la primera parte de este volumen-, si su hastío
es tanto -o es tanta su fe en quien ha creado la vida- que está
dispuesto a dejar su roca y sus helechos, a dejar su estrés,
a emerger a la vida, sígame.
En cuanto a usted que duda, permítame que le inquiete ligeramente.
Sólo ligeramente. Se trata, tan sólo, de que conteste a unas
pocas preguntas. En realidad, se trata de que se conteste a
sí mismo. Pero hágalo seriamente, con toda sinceridad.
Primero, sitúese ante un espejo y quítese la máscara. Ya conoce
este ejercicio. ¿Tristeza, hastío, rabia...? ¿Cuál sigue siendo
el resultado? No importa. Con casi toda seguridad su rostro
ha expresado un sentimiento negativo. ¡Ojalá no haya sido así!
Pero dudo que sea usted algo distinto a un consumidor de tecnología.
Así que mírese otra vez, detenidamente, sin máscara ya, y pregúntese:
- A medida que la vida pasa, ¿crece en mí la felicidad o
crece la infelicidad?
- ¿Qué será de mí dentro de cinco o, a lo sumo, diez años si
sigo siendo y haciendo lo que hasta ahora?
- ¿En qué sentido cambiaría si supiera que sólo me quedan cinco
años de vida?
- Si pudiera elegir libremente, ¿con quién, cómo, dónde viviría?
Usted puede añadir nuevas preguntas. Cuantas quiera. Y éste
es un terrible test porque es el test de nuestro éxito o de
nuestro fracaso vital. Nada menos que el fracaso de nuestra
propia vida. ¿Se da usted cuenta?
Pero todavía está a tiempo. Créame. Y no es tan difícil. Se
trata tan sólo de que cambie -poco o mucho- el guión de su vida.
Que nadie le obliga a vivir siempre en las mismas páginas de
la misma novela.
Y en todo caso no olvide que éste puede -debe- ser el momento.
Porque cierto es -y usted sabe que lo es- que las decisiones
que tomó ayer han traído el llanto o el gozo que vive hoy. Como
cierto es también que las decisiones que tome hoy serán el llanto
o el gozo de mañana.
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