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  Recorrido iniciático de una traición bíblica
 

Para un mejor conocimiento de
JUDAS, EL APÓSTOL QUE ESTABA ENAMORADO DE JESÚS transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos del libro.


    INICIO CAP.: CAPÍTULO XIV
Pedro, con un gesto brusco:
–Me tienes harto, Papías. Sabes que no hemos venido aquí a hablar de esas pequeñeces. Así que deja en paz a los pobres. Que ya dijo Jesús que pobres habrá siempre. Y a fin de cuentas, ¿qué quieres, hartar de comida y dinero a los pobres? ¿No te das cuenta, imbécil, de que con eso les estás llevando a la condenación? ¿No dijo Jesús que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios? ¿Y no dijo también que sólo había que atesorar riquezas en el Cielo? ¿Y no es eso precisamente lo que conseguimos siendo pobres? Así que deja en paz a esos niños que no comen.
Y volviéndose a Pablo:
–¿Vamos a hablar de lo que importa o no?
Y Pablo, desde el otro lado de la silla vacía en que estaba Jesús en espíritu:
–¿No te importa que los niños mueran de hambre?
Y Pedro, fuera de sí:
–¡Claro que me importa! Pero, vamos a ver, ¿he sido yo quien se ha empeñado en que nos reunamos para hablar de la divinidad de Jesús, que para mi está más que clara? ¿No es por eso por lo que estamos corriendo el peligro de que nos prendan los romanos? Entonces, ¿a qué viene Papías con eso de que si un niño está cojo y que si otro tiene hambre? ¿O quieres que nos pasemos el día haciendo milagros?
Y Pablo de pie, golpeando la silla en que se encontraba Jesús en espíritu:
–¡Hasta aquí estoy de ti! ¡Así que haz el favor de contener la lengua y deja de llamar imbéciles a mis hombres! En cuanto a lo del niño cojo y el hambre era una metáfora con la que Papías estaba entrando en el tema de la divinidad de Jesús. ¿Te enteras?
Y Pedro, golpeando también la silla del espíritu de Jesús:
–¡Pues que se deje de tanta tontería y vaya al grano!
Y Pablo:
–Muy bien. Vamos al grano.
Y a gritos:
–¡Papías, deja el estrado!
Después, a Demetrio que estaba sentado a su lado:
–Olvídate de los preámbulos y pasa directamente al filioque.
Y Demetrio, con un fajo de papiros bajo el brazo, fue hacia el estrado que estaba abandonando, con un gesto muy digno, el obispo Papías.
Y Demetrio, a los de la carpa:
–¡La paz sea con todos!
Y los de la carpa:
–¡Contigo sea la paz!
Y Demetrio:
–Hermanos, todos sabéis que la Iglesia del Señor, nuestra Iglesia, y al decir Iglesia del Señor no me refiero al Señor Señor, sino al Señor Jesús, presenta lagunas teológicas que ponen en peligro nuestra unidad. Puedo deciros que en Antioquía un tal Inmcart, judaizante por más señas, y ligado a la prepotente secta...
Y Pedro, conteniéndose, a Pablo:
–¿A esto lo llamas ir al grano?
Y Pablo, a gritos:
–¡Corta, Demetrio!
Y Demetrio:
–Sí, Pablo. Corto. Y pregunto a la Asamblea: ¿somos o no somos hijos del Señor?
Y los de la Asamblea en un solo grito:
–¡Lo somos!
Y Demetrio:
–Así es. Y somos hijos del Señor porque somos, en espíritu, hijos de Jesús, que es hijo del Señor.
Y uno de los de la última fila, carente de dignidades y cargos:
–¡Si somos hijos del hijo, digo yo que seremos nietos, no hijos de Dios!
Y Pedro a Santiago el Nazirita, que estaba detrás de él, de pie, vigilando el orden:
–¡Échame a ese estúpido!
Y en tanto Santiago el Nazirita echaba al estúpido, Demetrio:
–Comprendo la confusión del hermano, pero teológicamente somos hijos, no nietos de Dios.
Y Pedro, a gritos:
–¿No hemos quedado en que ni Dios ni Yavé?
Y Demetrio:
–Es que se me hace raro lo del Señor y como el hermano asambleísta...
Y Pedro:
–¡A ese lo he echado por estúpido! ¿O quieres que te eche también a ti?
Y Pablo, pacientemente, a Pedro:
–Demetrio tiene razón. ¿Por qué no dejar que cada orador diga Dios o Yavé según crea conveniente?
Y Pedro:
–Los míos dirán Yavé.
Y Pablo:
–Y los míos Dios. Pero sabemos que se refieren al mismo Dios.
Y Pedro:
–Querrás decir al mismo Yavé.
–Que es Dios.
–Que es Yavé.
Y Pablo y Pedro tensos, con las miradas engarfiadas:
–¡Dios!
–¡Yavé!
–¡Dios!!
–¡Yavé!!
Y Santiago el Nazirita, a Demetrio:
–Que puedes decir Dios si quieres.
Y Demetrio, a Santiago el Nazirita:
–Diré Dios.
Después, a los asambleístas:
–Pues bien, aceptado que nosotros somos hijos de Dios en la medida en que Jesús es hijo del Padre, que es Padre de Jesús, pero no nuestro Padre, puesto que la paternidad de Dios no nos llega por vía directa, sino a través de Jesús, que sí es hijo de Dios, aceptado esto, como decía, la pregunta es: ¿cuándo y cómo se establece esa relación entre el Hijo y el Padre?.