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  Premio Ibn Tufayl del Instituto Hispano-Árabe de Cultura
 

Para un mejor conocimiento de DONDE LOS ESPEJOS SE MULTIPLICAN transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos del libro.

INICIO CAP. XII: EPITAFIO EN LA TUMBA DE IBN EL-JATIB, EN EL CEMENTERIO DE MONACHIL, GRANADA:
“HE SIDO TOTALMENTE LIBRE PARA HACER LO QUE, INEVITABLEMENTE, TENÍA QUE HACER. Y PARA SER QUIEN ES.”
No siento mi cuerpo. Soy sólo dolor. Dolor sin cuerpo. Y abrasado desierto. Y ahora, ciego, con las ratas hurgando en mis ojos desgarrados, he perdido ya hasta mis pensamientos. Nada me queda. Ni miedo, ni sueños perdidos, ni murallas. Estoy a merced de todos los vientos. Estoy vacío. No hay puertas ni espejos. Ni fragmentos de espejos. Simplemente, no hay espejo. Ni Gran Espejo. Y las ratas comen mi carne. Entran en mi boca. Devoran mis ojos. Y las ratas y yo somos uno. Y la cruz y las ratas y yo somos uno. Ya no soy dolor. Debo haber muerto. No, puedo mover una mano. ¿O la mueve la rata que come mi mano? Y mi mano acaricia la rata que come mi mano. Sólo queda en mí el temblor del amor compasivo. Y no hay juicio. Porque El no puede juzgarse a sí mismo.