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CÓMO
EJERCITARSE EN LOS TRES ESTADOS BÁSICOS DE CONCIENCIA
¿Por
qué no volvemos al ejemplo del gato? Está ahí, en su regazo o en
el sofá, pero siempre en un lugar cómodo, acogedor. Y, por descontado,
relajado, tan relajado que no parece tener esqueleto. Es una masa
de músculos que se mantienen en un total ablandamiento, sin una
sola fibra en tensión. Algo realmente prodigioso. Porque, dígame,
¿sería usted capaz de alcanzar un estado así, de tan completo reposo?
Lo
dudo. Pero si sigue estas lecciones, aun cuando no le prometo que
vaya a alcanzar un estado de relajación tan perfecto como el de
un felino, sí le aseguro que se acercará mucho a ese estado de perfecto
silencio interior. Porque el problema es ése. Usted no está en silencio,
usted se habla constantemente. Su mente -y no sólo la suya, la de
casi todos- es ese mono loco de que habló Santa Teresa. Un mono
en constante agitación que difícilmente podemos sujetar. Y más difícilmente
todavía acallar. Pero, aún así, ¿lo intentamos?
EJERCICIO 3: RELAJACIÓN MENTAL
Posición:
a) Preferiblemente, tumbado. Es una posición cómoda. No cruce
las piernas y procure que nada le oprima: aflójese el cinturón,
desabróchese o quítese los zapatos, etc.
b) Es importante que el lugar sea silencioso y que esté a
oscuras o en penumbra.
Ejercicio:
1.
Primero, cierre los ojos. Hágalo sin presionar los párpados. Debe
hacerlo todo de una manera suave, sin tensiones.
2. Ponga su atención, mentalmente, en los ojos. O sea, olvídese
del resto del cuerpo y sienta sólo los ojos. Esto debe hacerlo también
sin esfuerzo. Poco a poco irá notando que los ojos pesan más y más.
Y llegará un momento en que tendrá la impresión de que los ojos
caen. Esto significa que los músculos de orbitas de los ojos se
han relajado. Y no sólo se habrán relajado los músculos de las órbitas
de los ojos, sino los de la cara en general. La prueba es que, seguramente,
al llegar a este punto de la relajación, su boca se entreabrirá.
3. Y al llegar a este punto de la relajación notará también
como si su cerebro cayera. Facilite mentalmente esta sensación,
pero facilítela no forzando la imaginación, sino dejando suavemente
que caiga. O sea, no oponiendo resistencia a esa sensación, pero
tampoco esforzándose por facilitarla.
4. Pasados unos pocos minutos es muy probable que su mente
esté ya en blanco, sin pensamientos. Si es así, puede dejar el ejercicio
aquí. Pero si no es así o desea relajar más su mente -lo que es
muy saludable- siga.
5. Mantenga esa conciencia de cerebro flojo y observe ahora
su respiración. Tome conciencia de que el aire sale de su nariz
y llega hasta unos diez centímetros fuera. Debe ser totalmente consciente
de esa respiración. Prácticamente la oye. Déjese, pues, llevar por
ella. La sensación debe ser algo así como si se balanceara sobre
ella. Todo usted es esa respiración y se abandona a ella. No hay
otra cosa. Sólo la respiración.
6. Observará que, poco a poco, la respiración va reduciendo
su amplitud. Su pecho se va sosegando y la respiración se va haciendo
más lenta. Ya no la oye, si bien todavía es consciente de ella.
7. Finalmente, de una forma gradual, sin que usted haga nada
para ello, la respiración desaparece. Ya no la siente, ya no es
consciente de ella. Y la mente está totalmente acallada, es un vacío
perfecto.
Observaciones:
- Si al principio del ejercicio le asaltan mil pensamientos, no
luche contra ellos, no se esfuerce en hacerlos desaparecer de su
mente; simplemente déjelos pasar, obsérvelos con la sensación de
que son algo ajeno a usted, algo que simplemente cruza su mente.
Verá que si usted no los alimenta -y combatirlos, esforzarse por
eliminarlos es alimentarlos- se extinguen rápidamente, lo mismo
que una centella.
Ahora
ya sabe cómo acallar la mente. Y, en todo caso, si no ha logrado
un perfecto silencio mental no se preocupe porque nuevos ejercicios
que seguirán a éste lograrán que acabe alcanzando el más perfecto
estado de sofronización. Lo que aquí importa -haya o no alcanzado
una perfecta relajación mental- es que conozca -en la teoría y en
la práctica- cuál es el primer estado básico de conciencia. O sea,
el que muestra un gato cuando está aplastado, como somnoliento,
en su regazo o en el sofá.
Y
sigamos con el gato. Lo tiene ahí, a su lado -física o mentalmente-
y le arroja un ovillo. El gato ahora se levanta y se sitúa expectante
ante el ovillo, con la misma actitud con que contemplaría el agujero
por donde va a salir un ratón. ¿Lo ve? No está tenso. Sigue relajado,
pero ahora mantiene un perfecto estado de conciencia abierta. Permanece
receptivo a toda información que le puede llegar. Él no la impone.
Deja que llegue. Por eso su mirada, simplemente, resbala sobre la
madeja, sobre ese ratón que, para él, es ahora la madeja. No sabe
hacia dónde rodará, por eso está abierto a cualquier posibilidad.
Y no especula en torno a si irá hacia un lado o hacia otro. Simplemente
se mantiene receptivo. Es el segundo estado básico de conciencia.
El que usted ya conoce y puede encontrar en esta web. Un ejercicio
básico. Siga con él. Sea usted, no el gato, quien tome ahora la
madeja. Y ya sabe, observe la madeja sin pensar, sin recurrir a
la memoria; usted no sabe qué es una madeja, nadie se lo ha explicado.
Así que ahora, como si acabara de nacer, mira y toca y deja que
imágenes y sensaciones entren libremente en su conciencia. Se abre
sin prejuicios, sin preconceptos, a cuanto le llega.
Usted
ha observado la madeja sin mirar, sin recurrir a la memoria, dejando
que la mirada resbalara por la madeja. Pues bien, ahora va a cerrar
los ojos y va a dejar la mente en blanco -relajada-. Y vuelve a
acariciar la madeja, a recoger sensaciones con la mano. Y esas sensaciones
llegarán a la pantalla en blanco que es su mente y se irán llenando
de imágenes. La impresión debe ser como si esas imágenes le llegaran
directamente de la madeja. Y serán imágenes vivas, imágenes que
van acompañadas de sensación y, a veces, hasta de emoción.
Y lo mismo que ha hecho con la madeja, haga también con otros objetos.
Y también -¿por qué no?- con la piel de su amada/o. Ya sabe, recorra
la piel primero con los ojos abiertos y luego con los ojos cerrados.
Sin prejuzgar primero, y con la mente en blanco después, cuando
lo haga con los ojos cerrados. Verá cómo acariciando así, los objetos
y la piel son otra cosa.
Pero,
¡observen! En este instante el gato ha lanzado súbitamente su zarpa
y ha atrapado el ovillo. ¿Han visto? Este es el tercer estado de
conciencia. La concentración. El gato, gracias a su anterior estado
receptivo, ha podido procesar sin prejuicios, libremente, toda la
información que le ha llegado y, así, en el momento preciso, ha
concentrado toda su energía en un solo movimiento, el de su zarpa,
que ha lanzado con fuerza y precisión. Sin consumir un solo gramo
más de la energía necesaria.
O
sea, que usted debe aprender a pasar del relax a la tensión y de
la tensión al relax en una fracción de segundo. ¿Lo intentamos?
EJERCICIO 4: TENSAR Y DESTENSAR
Posición:
a) Cada hora -mejor cada media hora- dedicará unos minutos
a tensar y destensar sus músculos. Al principio hágalo en un estado
de reposo: en la cama, en un sillón... Y sólo cuando conozca bien
el ejercicio realícelo en cualquier lugar: en la oficina, andando...;
pero no conduciendo, no manejando una máquina en una industria,
etc. Nunca cuando deba estar atento, porque este ejercicio le relajará
y bajará sus defensas.
Ejercicio:
1.
En estado de conciencia abierta, dirija su atención a cada punto
del esquema corporal. Así:
2.
Primero, a los dedos de un pie. Y con la conciencia centrada en
ellos los contrae fuertemente -los tensa- y luego los suelta -los
destensa-. Cuando los suelte céntrese en las sensaciones que le
llegan de los dedos del pie: hormigueo, etc.
3.
Y así va recorriendo una pierna -dedos del pie, pie, tobillo,
pantorrilla, etc.-, luego la otra pierna, luego el abdomen, el tórax,
un brazo -desde los dedos de la mano al hombro-, luego el otro brazo,
los hombros, el cuello, la cara, mentón, boca, ojos, etc., hasta
terminar en el cuero cabelludo.
Observaciones:
- Pasados unos días, cuando ya haya observado y conozca las sensaciones
de las partes de su cuerpo al destensar, olvídese de observarlas.
Limítese a tensar y a destensar. Intente ser un felino capaz de
concentrarse y relajarse en una fracción de segundo.
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