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  Un viaje al Paleolítico
 
Para un mejor conocimiento de MI VIDA CON LOS AUCAS transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos del libro.
   INICIO CAP. 9: LA GALAXIA DE BOCA

   Boca irrumpe en nuestra choza. Viene excitadísimo. Y todos miramos en dirección a él. Tememos que algo grave haya podido ocurrir. Algo que pueda afectarnos desagradablemente.
Boca mueva ahora los brazos con gran agitación y empieza a hablar. Su voz es acelerada, lanza monosílabos con la contundencia y rapidez de una ametralladora. Y, de vez en cuando, alarga interminablemente una vocal o corta el tono con un falsete. Es la forma de hablar auca. Los aucas hablan siempre así: excitados, a gran velocidad, con muchas tonalidades, contundentemente. De manera que no hay forma de saber si lo suyo es grave. ¡Grave para nosotros, claro!.
Y el suspense se alarga unos segundos más. Muy poco más porque, incongruentemente, en medio de su agitado monólogo, Boca suelta una risotada que todos coreamos. Y a partir de ese momento ya todo son risas y un coro de palabras. Porque Boca sigue contando su historia. La cuenta con mil matices y variaciones. Y los aucas presentes participan al tiempo que Boca. Se hablan entre sí, lanzan frases al aire, comentan algo que debe ser gracioso. Ya no es una charla, es un coro de solistas que recitan, cada uno, más amontonados que unidos, su propio chiste y su propia historia.
Pero, curiosamente, a pesar de que no hay diálogo, todos parecen seguir el ritmo de los demás, porque cuando uno dice algo que, a entender de ellos, es gracioso, los demás cortan su parloteo y ríen. Yo diría que al hablar reproducen su estructura tribal. Cada uno, como individuo, va a su aire, pero, aun así, todos juntos forman una unidad tribal, armónica y coherente.
Y la charla, excitada, contundente, sonora, sigue y sigue. Se prolonga en el tiempo. Parece inacabable. Y el caso es que la razón de tanto alboroto es, simplemente, que a Boca se le ha escapado el guacamayo. Y esto es suficiente para que toda la tribu -mujeres, hombres y niños- se lo pasen en grande. Contando mil incidencias relacionadas con los guacamayos.
Así son esos feroces y temidos guerreros, una especie de niños juguetones en todo momento dispuestos a divertirse. Y poco importa lo que ocurra. Lo que importa es que ocurra algo, por mínimo que sea, para poderlo comentar y reír. Porque entre los aucas también la palabra es auténtica comunicación.