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  Un viaje al Paleolítico
 
Para un mejor conocimiento de MI VIDA CON LOS AUCAS transcribimos a continuación el inicio de uno de los capítulos del libro.
    INICIO CAP.1: EL TERRITORIO AUCA

   Puyo es una ciudad fronteriza. Sus calles de tierra y casas de madera recuerdan los antiguos poblados del Oeste. De hecho, Puyo es una antigua ciudad petrolera. Junto a ella la "Shell" ha dejado un poblado con su nombre y abandonados barracones. Pero Puyo, ciudad fronteriza con la selva, es, ante todo y sobre todo, la puerta de la Amazonia Oriental ecuatoriana. Junto a Puyo, en Mera, se encuentran las breves pistas desde las que inician su vuelo las frágiles avionetas que se adentran por la selva.
Pero no hay avionetas que vuelen a un poblado auca. Y la causa no hay que buscarla en el peligro de volar sobre una zona desconocida de la selva. Tampoco en la casi inexistencia de calveros en los que aterrizar. Sino en los aucas, esos terribles cazadores de hombres cuyo solo nombre aterroriza a cuantos conocen la selva.
Afortunadamente pudimos convencer al capitán Franklin Mora, piloto de la "Aero Macas", y con él y su frágil avioneta nos dirigimos a la confluencia de los ríos Curaray y Cononaco, a unos 300 kilómetros en el interior de la selvática provincia de Pastaza, único lugar hoy conocido donde es posible encontrar a una tribu que viva sumergida en los albores de la humanidad.
Fue un vuelo peligroso. Entre grises y verdes. Arriba los grises de una tormenta en gestación. Abajo, amenazantes, los verdes de la tupida selva amazónica, sólo cortada por una red de caudalosos ríos. De vez en cuando, siniestras anfractuosidades pétreas que succionaban la avioneta. Era un paisaje de ocre entre verdes, de terrosos ríos entre lujuriante vegetación. Era el hechizante ecosistema de la Alta Amazonia.