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  Un viaje al Paleolítico
 
Para un mejor conocimiento de MI VIDA CON LOS AUCAS transcribimos a continuación uno de los capítulos del libro.

    PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN
   La noticia me llegó en junio de 1978. Estaba en Salvador de Bahía, inmerso en el estudio de las culturas primitivas altamente ritualizadas -umbanda, candomblé,   vudú-   cuando,   desde Quito,   me   anunciaron   que   mis    gestiones -iniciadas meses antes- estaban a punto de cristalizar. Había alguien que podía ponerme en contacto con los aucas.
Fue una gran noticia. La mejor de las noticias.
Porque ...
Quienes hemos crecido junto al horror y la sangre de nuestra cultura bélica occidental, quienes hemos sido adiestrados en la alta tecnología de intoxicación de masas, quienes hemos sentido el vértigo de nuestras opresoras metrópolis, quienes hemos leído las mil y una historias creadas por la Galaxia de Gutenberg, quienes hemos llegado a la conclusión de que nosotros -el hombre occidental- hemos caído en la trampa de una cultura alienante, intuíamos que en un tiempo muy lejano el hombre no fue hacha y rugido, sino que, por el contrario, en esas culturas primigenias -menos escindidas y más armónicamente comunicadas- el hombre participó de un conocimiento más ajustado a nuestra realidad y, por ello, más veraz y gratificante que la actual deshumanizada ciencia.
Pero, ¿fue así?
¿Cómo saberlo si ese hombre con hacha de silex había muerto hacía muchos miles de años?
Y entonces fue cuando me llegó la noticia. Cuando supe que había una posibilidad de que pudiera convivir con los aucas, la última étnia del Paleolítico Medio-Inferior todavía viva y libre. Era -sigo creyendo- la última oportunidad histórica dada a nuestra humanidad. La última y, quizá, definitiva oportunidad para conocer nuestras auténticas raíces y para descubrir cómo, por qué y en qué momento de la Historia el hombre -el hombre que ahora somos- empezó a llamar ciencia a lo que, en gran medida, era destrucción.
De manera que me dirigí rápidamente a Quito dispuesto a aprovechar esa oportunidad única.
Y así empezó mi viaje hacia un remoto pasado. Un viaje con pocas posibilidades de retorno.


    PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

Desde 1978, año en que entré en contacto con los aucas, han transcurrido ya más de veinte años. Y este tiempo ha bastado para que los aucas -los que vivían inmersos en su auténtica cultura primitiva- hayan dejado prácticamente de existir. La crueldad, orgullo e insaciable codicia de nuestra cultura ha acabado con ellos. Ha exterminado a unas tribus y ha degradado a otras. Por cuanto he podido constatar en nuevos viajes y por cuantas noticias posteriores me han llegado, los pocos aucas que sobreviven son ya hombres demolidos, incapaces de comprender la cultura que les está deglutiendo. O arrastran su infrahumana existencia en los campos petroleros o son muertos vivientes en los campos de misión.
Pero aun cuando los aucas -los auténticos aucas, esos llamados salvajes de quienes tanto aprendí- no existan ya, mantengo en esta segunda edición el texto en presente, vivo, que entonces escribí. Porque ellos han muerto, pero su lección sigue viva.
Además, quiero que la pervivencia de este libro -con su redacción inicial, con los aucas todavía vivos en mi retina- sea la expresión de mi gratitud a lo mucho que me dieron. Porque gracias especialmente a ellos, que me ofrecieron el conocimiento en vivo de su cultura analógica, pude mejor completar lo que hoy es la terapia Anatheóresis.