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EXHUMANDO Y COMPRENDIENDO EL PASADO,
EN EL PRESENTE.


Roberto Ortiz Torres, psicólogo y terapeuta de Anatheóresis, ha saltado al ágora desde su consultorio de Mexico D.F. para recordarnos que el pasado es presente y que este pasado-presente, para bien o para mal, condiciona nuestras vidas.

En las calles de Madrid se encuentra la historia de su pueblo, no solo por los bellos edificios y sus construcciones arquitectónicas, sus adoquines desprenden gritos y olores, susurros y cantos de un pueblo que ha surcado desde la tragedia, hasta su firme presencia en un presente esperanzado y no con ello calmo, convulsivo como todos los pueblos de la actualidad.
En una pequeña calle perpendicular  a la avenida la gran vía, se encuentra un viejo edifico de un portón de metal muy alto y unas escaleras casi en caracol, de no ser porque en el espacio que forma la escalera un ascensor recorre su porvenir de arriba abajo, la escalera fuera un caracol.
Así como se encuentra el pasado en el presente de Madrid, en este edificio se encuentra la misma oportunidad de, “mirar hacia atrás contemplando el pasado y exhumarlo, traerlo al presente, comprendiendo.”   
Después de una sesión de terapia el paciente comenta a la terapeuta;

No podía decirte que nací muerto y que los doctores me frotaban para revivirme, me sentía con acceso al pensamiento solo que no podía expresarlo. Aunque la experiencia fue  muy sensorial y vívida, tenía la claridad de lo que estaba ocurriendo, solo que no lo podía verbalizar y lo único que me quedaba era la mímica para expresarlo. Sin embargo ahora que te lo narro y lo puedo verbalizar cobra mucho sentido las experiencias que he tenido a lo largo de mi vida.  

Esto fue parte de una sesión terapéutica que tome con esta técnica, fue muy impactante, no sólo esta sesión sino las tres que tome durante mi estancia en Madrid donde la estudie y experiencie en mí.

Anatheóresis fue creada por Joaquín Grau, una de las pocas personas sabias que he tenido el placer de conocer, sencillo y bromista, de pronto da la imagen de un maestro budista postmoderno o algo por el estilo.
Esta posibilidad terapéutica plantea que todo trastorno emocional inicia en el vientre materno, esto es, en nuestra vida intrauterina. Pues los estadios de percepción se inician en el cigoto pasando por cuatro etapas que concluyen más o menos a la edad de 7 años.
El primer estadio se da en la etapa inicial del cigoto, este se caracteriza por una percepción global que corresponde a vivencias muy arquetipales, y están muy en contacto con las vivencias de la madre. A mí me da la impresión que de algún modo la “conciencia” de la madre y la del embrión se encuentran tejidas, solo que el embrión no tiene la manera de organizar las vivencias que experimenta y las globaliza, las cuales en un tipo de sueños se manifiestan como arquetipos sensoriales.
El segundo estadio se refiere cuando ya el sistema nervioso se estructura y empiezan a aparecer pliegues cerebrales, donde se pasa de embrión a feto. En esta etapa, las vivencias cobrarán aspectos que más adelante se expresarán a través de la simbología de los mitos, aun sin yo, sin focalización. La relación con la madre es ahora de un ser con dos cerebros, sólo que el del feto sólo recibe información y la almacena de manera simbólica y cada impacto que recibe es como si fuera él.
En algún momento de la terapia experimenté una gran angustia, de manera  tal  que me “metí en ella” hasta reventar, y con un ejercicio pude observar cómo esa angustia le pertenecía a mi madre, la cual estaba pasando por un momento difícil durante su embarazo. En el momento de darme cuenta, sentí una gran liberación en mi abdomen y pude registrar cómo se desprendía de mí algo que no me pertenecía.
En el tercer estadio que va de los cuatro a los seis meses de vida intrauterina, ya se viven los impactos más focalizados y puede hacerse una distinción dicotómica, entre lo agradable y lo desagradable, entre un sentimiento de amor y aceptación o un sentimiento de rechazo o abandono.
El último estadio es el que corresponde a la  etapa pre-adolescente en la cual las ondas eléctricas del cerebro denominadas beta, empiezan su aparición y dominio.
Lo anterior es interesante pues aparentemente la vida intrauterina es dominada por la actividad eléctrica denominada theta. Esta onda está relacionada con el sueño  y en los niños se presenta en el estado de vigilia, en los adultos estas ondas desaparecen. Lo cual me  hace pensar que cada  tipo de actividad eléctrica contiene un tipo de información particular de las vivencias que experimentamos a lo largo de la vida.
Ahora bien, ya mencionado lo anterior la terapia de anatheóresis se centra en la actividad eléctrica theta del cerebro, mediante una inducción de relajación denominada IERA (Inducción al Estado Regresivo Anatheoretico). Esta relajación permite entrar a una actividad eléctrica del cerebro de 4 ciclos por segundo (lo cual se presenta en estado de sueño), lo interesante de esto, es que la persona bajo esta inducción está completamente consciente, lo cual le permite mantener un dialogo abierto y claro con el terapeuta.

Así como la actividad eléctrica del cerebro está implicada en esta terapia, el lenguaje de cada hemisferio, el derecho y el izquierdo juegan un papel importante, en algo que Joaquín denomina la dialéctica anatheoretica. Desafortunadamente no podemos abordar todos y cada uno de los descubrimientos de las neurociencias que la alimentan.

Por último quiero abordar el trabajo del anatheorólogo, que es acompañar al paciente por la experiencia intrauterina, el nacimiento y los primeros siete años de vida a través de la técnica de relajación IERA, de manera tal, que aquellas experiencias que nos causaron un impacto traumático sean re-experimentadas, vivenciándolas como si estuvieran ocurriendo en el momento presente, de forma tal  que los contenidos que se presentaron en los primeros tres estadios y, que al desaparecer las ondas theta nos son de cierta forma inaccesibles, puedan aparecer y establecer una suerte de diálogo entre los dos hemisferios (el simbólico, emocional, el derecho y el lógico, el izquierdo) para así integrar la información, contemplándola y comprendiéndola.

Psic. Roberto Ortiz Torres