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ADIÓS, SENTIMIENTO, ADIÓS

José Mª Sánchez Navarro es Titulado Superior en Naturopatía y Osteopatía por el Real Centro Universitario María Cristina de El Escorial (RCU). Asimismo, profesor de Naturopatía, Iridología y Nutrición Ortomolecular en el Instituto de Terapias Naturales Quirosana (Zaragoza). Y profesor de Nutrición Ortomolecular de los laboratorios Nutergia.

Dentro de todos los años de la vida que he vivido, siempre me he encontrado perdido, desorientado, con la sensación de que no llegaba a ver algo o que algo se me pasaba por alto. Veía a mi Padre trabajar de sol a sol, a mi Madre todo el día sin descanso para dedicarnos su tiempo a nosotros, a nuestra supervivencia en la niñez y en la infancia hasta la posterior adolescencia. A lo largo de toda mi vida me he dado cuenta de que hablando con mis Padres de un tema en concreto ellos tenían su razón, si hablaba con mis hermanos del mismo tema tenían una razón diferente, si hablaba con mis amigos de ese mismo tema tenían otra razón diferente, lo que me llevaba a conclusiones confusas, porque yo también tenía mis propias razones y me surgía la duda ¿cómo puedo encontrar la verdad?, ¿quién tiene la razón?, ¿qué es la verdad? y lo más importante, si todo el mundo tiene la verdad absoluta, ¿cómo es que nuestra sociedad no es mejor y nuestras capacidades de comprensión y de amor no están presentes? Preguntas que no encontraban respuestas y si las encontraban eran erróneas. Porque preguntas de HCI, sólo encuentran respuestas de HCI.

Todas mis preguntas quedaron resueltas, porque dejé que entrara en equilibrio el HCD. No nos damos cuenta de que al desterrar nuestro HCD en la infancia-adolescencia decimos, ADIÓS, SENTIMIENTO, ADIÓS.

Sentir es lo único que tenemos que hacer en la vida. Sólo al final del camino cuando tengamos que saltar de la charca, en la que como renacuajos estamos, nos llevaremos con nosotros el sentimiento de las experiencias vividas, buenas y malas.

En el breve camino que llevo recorrido como Anatheorólogo, me he dado cuenta de que las personas cambiamos los sentimientos por la identificación. Identificación con nuestros padres, hermanos, amigos, con nuestra mente-vanidad, ansiedad, necesidad, gula, lujuria etc.

Llegamos a la vejez, sin bañarnos en la niñez y sumergirnos en la infancia. Llegamos a adultos desamparados gritando PAPA¡¡¡¡¡ MAMA¡¡¡¡¡, y de repente nos damos cuenta que nuestros padres se marchitan y han envejecido, su camino a nuestro lado ha concluido. Y en ese mismo instante nos encontramos de nuevo con nuestro amigo más íntimo, el que creíamos escindido e incinerado, soterrado en fuegos fatuos. Nuestro bebé interior que para sobrevivir necesita del constante amor de MAMÁ y PAPÁ. Al darnos cuenta de nuestra soledad y vulnerabilidad nos ponemos la armadura, el casco-máscara y fundimos en nuestro brazo, para que nunca se caiga, la lanza del miedo, y ya somos HCI. Sin tener conciencia enfermamos sentimental y emocionalmente, nos entra pánico, rabia, ira, frustración y todo esto en realidad es el destierro de nuestro HCD. Porque nuestros padres ya se encargaron en su día de decir ADIÓS, SENTIMIENTO, ADIÓS.

Como Joaquín Grau escribe en su libro JUDAS, EL APÓSTOL QUE ESTABA ENAMORADO DE JESÚS, en la búsqueda de Mateo a Judas, una vez lo encontró, lo vio sentado frente a una acacia, quieto, dejando que la fragancia del viento rozara su piel, la luz del sol rociara su cara y la madre naturaleza abrazara su cuerpo. Mateo sólo veía a Judas como la pregunta, la razón, la moral, el porqué. En definitiva un superdesarrollado HCI. A lo que Judas simplemente sentado mirando a esa acacia respondía sentimiento, emoción, amor, libertad, equilibrio HCI-HCD, como la acacia y sus raíces.

En el camino de la vida estamos en la rueda de la fortuna, solo que tenemos que estar dentro y no dejarnos arrastrar por ella, vivir con absoluta libertad. Esa libertad que se siente dentro del corazón y te proporciona la felicidad absoluta, que provoca que sientas la energía en tu piel porque esa energía es el amor. Desarrollarnos como hombres y mujeres en perfecta armonía, elevándonos al más placentero y orgásmico YIN-YAN, dentro de ese huracán que nos lleva al único e incomparable terreno de la espiritualidad. En este camino encontramos la valentía, la fuerza para estar constantemente en movimiento como el universo.

Como me dijo un gran sabio una vez, en esta vida no existen las verdades absolutas, cada sentimiento es una verdad y yo siento que el universo se mueve y yo con él. De él sale la iluminación y nuestro aprendizaje. Del equilibrio con nuestra mente, cuerpo, espíritu y universo, algún día podremos de nuevo decir HOLA, SENTIMIENTO, HOLA.

Gracias a Joaquín, Verena y Manuel, a quienes estaré eternamente agradecido, he encontrado –no diré respuestas– sino equilibrio a mis preguntas, equilibrio que he recibido a través de ANATHEÓRESIS, la equilibración de mis hemisferios cerebrales; a ese maravilloso reencuentro con la infancia, con las emociones, con los sentimientos, con el AMOR y con nuestro instinto que no le hace falta ver para creer.

Gracias a todo esto yo ahora digo HOLA, SENTIMIENTO, HOLA.

•  HCI (Hemisferio Cerebral Izquierdo)
•  HCD (Hemisferio Cerebral Derecho).


José Mª Sánchez Navarro