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ESE ORDENADOR QUE TÚ ERES

Sócrates se ha incorporado a este espacio de la página web y aún cuando Sócrates sabe que un ordenador digital está todavía muy lejos de nuestros procesos cerebrales no por ello se ha resistido a la tentación de esbozar la teoría operativa de Anatheóresis utilizando para ello el símil de nuestros actuales ordenadores digitales.

Imagina, lector, que eres un ordenador. Ya sabes, una computadora, eso con lo que intentamos reproducir nuestros esquemas cerebrales. Que ya se sabe que no inventamos nada, que simplemente nos limitamos a copiarnos. Así que tú, al igual que un ordenador, eres un hardware y un software. Eres un hardware que surge y se va formando mediante órdenes genéticas -o sea, las de tu software biológico- que van estructurando tu entidad física con sus capacidades fisiológicas potenciales, sistema nervioso incluido. Y abreviando las amplias experiencias de la técnica terapéutica Anatheóresis, la formación de tu hardware, biológico desde su concepción hasta su estado perceptivamente terminado, puede dividirse en cuatro fases básicas.
La primera se extiende desde la concepción hasta las seis a ocho semanas de embarazo. Fase en la que tú, lector, has vivido en un mundo que sentías pero en el que no te reconocías. Eras poco más que un trasplante integrado en el ordenador-madre.
En la segunda fase -de las seis a ocho semanas hasta aproximadamente los seis meses de gestación- poseías ya un sistema nervioso que, si bien incipiente, podía ya llevarte de la anterior forma de percibir similar al sueño fisiológico -sueño sin ensueños- a un cierto sentimiento de individualidad. No con percepción de un yo personalizado. Tu mundo era un mundo que por sí mismo y en sí mismo transformaba los mensajes del software en símbolos arquetípicos.
En la tercera fase -de los cuatro a seis meses de gestación hasta un año o algo más después de nacer- el hardware que eras estaba lo suficientemente estructurado para que su sentimiento de individualidad fuera ya manifiesto. Pero su mundo seguía siendo todavía subjetivo. Tú seguías siendo un todo con el todo, sin nada fuera de ti. Y como en las anteriores fases tu percepción era puramente emocional.
Ya en la cuarta fase -del año o dos años hasta los diez a doce años- fue cuando se produjo -gradualmente- el milagro. El mundo ya no era solamente emocional y subjetivo, sino que surgió un afuera en el que había otros que no eran tú. Era la percepción causal, esa percepción de la que tanto presumimos puesto que nos permite razonar. El hardware estaba ya perceptivamente terminado, aun cuando a esas cuatro fases sigue otra -la adolescencia- de asentamiento del hardware.
Pero no todo fue así de sencillo porque ese hardware -con su software biológico, al que podemos considerar su sistema operativo- se vio una y más veces afectado por los mensajes tanto traumáticos como gratificantes que el software del ordenador madre mandaba a ese ordenador en gestación que eras tú.
Concretamente, Anatheóresis ha comprobado que todo impacto emocional que vive la madre -generado por ella o procedente de otra persona- la madre lo transmite al nonato, de manera que, en mayor o menor medida, esos mensajes procedentes del software de la madre pueden modificar el desarrollo adecuado del crecimiento de ese hardware biológico que es el bebé. De ese bebé que fuiste tú. De ese bebé que ahora tú sigues siendo en la memoria -sin recuerdo- de tu biografía oculta. O sea, la biografía que corresponde a esas primeras fases de percepción que he descrito.
Suponte que en tanto tu hardware biológico se estaba formando tu madre no te deseó plenamente, o estaba deprimida, o sufría una continuada tristeza por la muerte de un ser querido, o vivió intensas peleas familiares, o rechazaba ya a su marido, o simplemente ignoró el fruto que estaba anidando, o fue maltratada, o... Y no olvidemos que el hardware -con su software- que un día gestó a tu madre sufrió también mensajes emocionales espurios procedentes de su madre. Somos una gran fábrica de ordenadores que se desordenan entre ellos. Y ese desorden que nos acompaña toda la vida si no desactivamos su carga emocional -y esta es la función de la terapia Anatheóresis- es la que hace que seamos como somos, porque es la que se manifiesta en nuestra manera de ser y comportarnos y es también la que manifiesta ya, en gran medida, nuestras posibles enfermedades, porque esa biografía oculta es ya la topografía de nuestra personalidad, de nuestro devenir. Y en la topografía de ese hardware, con su sistema operativo ya más o menos desordenado, puede haber cargas energéticas traumáticas -desórdenes del hardware- tan intensas que el propio hardware no pueda contenerlas y le estén destruyendo por un exceso de desorden de sus propios componentes, de manera que esto lo esté somatizando ya el propio software.
Debo aclarar que cuando se estaba formando el hardware biológico el nonato que tú eras -como puedes ver en las fases de percepción que he descrito- no poseías los ritmos cerebrales necesarios para discernir, de manera que su percepción era básicamente emocional. Tu verdad era, por tanto, una verdad sentida -no razonada- y así, si tu madre, por ejemplo, estuvo enferma cuando te gestaba tú sólo inscribiste en tu ordenador en formación la verdad sentida del sufrimiento que te llegaba de tu madre, sin poder discernir que ella no deseaba mandarte ese mensaje de sufrimiento. Precisamente Anatheóresis lo que hace es utilizar una técnica de relajación especial -una Inducción al Estado Regresivo Anatheorético (IERA)- que aun siendo una simple relajación -no hay pérdida de conciencia, de manera que el paciente se mantiene perfectamente lúcido- hace posible que ese ordenador dañado que es ya el paciente vivencie -vea y sienta- los impactos emocionales que dañaron su sistema operativo cuando el hardware se estaba formando. Y el paciente -ahora adulto, capaz ya de discernir- puede descargar esos impactos energéticos que alteraron el ordenador que ahora es. Anatheóresis no cambia los hechos que un día desordenaron nuestro ordenador, Anatheóresis lo que hace es descargar las cargas emocionales patológicas mediante la comprensión en IERA de los hechos que realmente ocurrieron.


Por la transcripción: Joaquín Grau